Un pedazo de pan


Panaderias A Coruña agosto 2011 008

Publicado el 14 agosto 2011 | por Un pedazo de pan

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Crónicas de Galicia I

Ha sido una semana de caminos y comida, de pan, mar y montaña. Conozco poco Galicia, pues sólo habia pisado esta tierra un par de veces y por pocos días. Y en realidad, fueron un par de escapadas profesionales, con lo que eso significa: aterriza en un aeropuerto, coge un taxi, cena con colegas, hotel de convenciones, días de reuniones, alguna cena por calles desconocidas, taxi, aeropuerto y a casa.
Pero me he tomado la revancha en la semana que nos tomamos de vacaciones viajeras. Y creo que será la primera de muchas visitas más a Galicia (no profesionales, espero). Me ha subyugado todo: el paisaje, el clima (sí, el clima, que para sol tengo el sevillano el resto del año), el mar, la comida, su gente (especialmente sus mujeres).
Las comarcas de Ares y Mugardos nos han acogido con sus días ventosos, de sol y lluvia a la par, sus noches frescas (de edredón en agosto, si me lo cuentan no lo creo). Y sobre todo, sus panaderías. Sin entrar ahora en la calidad de sus productos, al menos en Galicia existen las pequeñas panaderías en cada rincón de su geografía. Quizás por su población dispersa, quizás por una mayor vida tradicional… la realidad es que ha sido un placer “panarra” el viaje. Y de eso van estas crónicas. No han sido demasiadas, pero algunas experiencias panaderas hay para compartir.

La primera viene de la mano del pan que se compraba en la casa donde nos invitaron a pasar estos dias. Nada más llegar, nos esperaba una mesa puesta: ensalada de la tierra, deliciosa merluza y un pan de rosca gallega.
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La rosca era de una panadería de El Seijo (Seixo, localmente). Como no, al día siguiente suspiré y pedí que me llevaran a comprar el pan. Y me llevaron. Así supe que era un pan de harina del país (en otra crónica os contaré mis descubrimiento sobre a qué llaman harina do pais) con un toque ligerísimo de centeno y levadura fresca. Desafortunadamente y a pesar del gran número de pequeñas panaderías me fue difícil encontrar alguna que no hiciera el pan con levadura fresca.
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La panadería era pequeña, tradicional y antigua. El abuelo de las actuales propietarias (tres hermanas) trabajó en los astilleros. Su hijo, decidido a tener una “mejor vida” creó la panadería, que luego herederaro sus hijas. Sus hijos optaron por otra “mejor” vida profesional. Las panaderas-resposteras (todas ellas rondando los setenta años) ya no trabajan de noche: lo hacen sólo los hombres, que comienzan el día a las tres y media de la mañana. La pequeña panadería sequirá funcionando gracias al hijo de una de las tres hermanas, que continía en el negocio.
Ellas aprovechan bien el día: no sólo despachan el pan, sino que preparan un dulce conocido como “bizcochón”: unas roscas del más tierno bizcocho casero, con costra de la clara de heuvo bien batida y azúcar glas, que puede llegar a pesar kilo y medio de peso. Esos bizcochones fueron nuestro desayuno a lo largo de la semana. Por descuido, no hay foto.
Para culminar las maravillosas comidas, siempre nos ofrecían de postre, bolla.
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Para los que no somos de la tierra gallega, la bolla es una masa de pan dulce, similar a la del rosco de reyes (con su toque de anís), cubierta de azucar y manteca de vaca. Una delicia, que devoramos a ritmo vertiginoso. Acostumbrados a tomar muchísima fruta en nuestra casa, el cambio fue dulce (y notorio en la báscula).
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La bolla no la compraban en Seixo, sino en Ares, donde también disfrutábamos de la playa, de la fiesta de San Roque y de sorprendentes conversaciones con la población local.
Y como todo no podía ser comer, también salíamos a caminar. En una de las excursiones nos acercamos hasta el Parque Natural de las Fragas do Eume, un paraíso natural de una riqueza biológica increible. Allí subimos caminando hasta el Monasterio de San Xoan de Caveiro: son 8 kilómetros maravillosos de sendero de montaña (o carretera para los más cómodos) fácil, especialmente en una tarde tan fresca como la que escogimos.

 

 

Una de las sorpresas que nos esperaba eran los vestigios del antiguo molino del Monasterio, aprovechando la corriente rápida del Eume en su parte alta.
Sendero de entrada al molino                                     Restos de la planta del molino
Se trataba de un molino alimentado por una corriente rápida, que canalizaba el agua y le daba una caida, derivando parte de la corriente del Eume. El agua entraba bajo la planta del molino, donde se encontraba un mecanismo hidraúlico de palas horizontales, que movía los ejes y, con ello, las muelas superiores. Este tipo de molinos -molinos de rodezno- son propios de los pequeños cauces, en lugar de los molinos de aceña con ruedas verticales. Pueden verse en distintos lugares de la geografía española, como en Asturias.
Unas bellísimas imágenes que nos hicieron meditar sobre las difíciles condiciones de vida en aquella zona, donde el sólo transporte de los cereales desde las tierras que debían pagar sus diezmos al monasterio debía constituir una actividad agotadora. Hoy, con acceso fácil -aunque restringido- por carretera, el mesón situado en la antigua casa-almacén del Monasterio recibe al visitante con unos deliciosos platos y una inmejorable atención de su mesonera.

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3 Comentarios a la entrada: "Crónicas de Galicia I"

  1. MMF says:

    Qué historias tan bonitas. Maravillosa Galicia: sus pueblos, su gente, su gastronomía… Inolvidable.
    Preciosas las fotos que nos enseñas.

    Un beso

  2. Brétema says:

    Qué te voy a contar yo de mi tierra. Me encanta saber cómo dentro de una misma zona un mismo nombre alude a postres diferentes, en este caso la bolla, que en mi casa es un bollo parecido pero más alto. Y del pan…pues en mi casa se compra en una panadería donde sí se hace el pan sin levadura fresca.
    Me alegra que hayas disfrutado de tu visita.
    Un abrazo

  3. Miriam says:

    Qué bonita la historia de la panadería! Yo también he estado en Galicia, como ya dije, pero no he parado, y no he podido buscar panaderías ni harina ni ná… y bien que me hubiese gustado. Pero yo voy con frecuencia a Santiago porque tengo familia, así que ya lo haré en el futuro. La gastronomía gallega es magnífica y se pueden encontrar aún panes estupendos. Nosotros cenábamos donde estábamos alojados y el pan que nos ponían era sabroso y amargo… supongo que estaba hecho con masa madre, pero no nos supieron decir. Besos, espero tu post de la harina del país!


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Mira a tu alrededor. Seguro que ves a a esa persona que es "un pedazo de pan"... Yo estoy rodeada, soy afortunada. Y quiero compartir con todos ellos y vosotros este pedazo mío de pan, su aroma, su sabor, su textura. El buen pan está hecho de tiempo, porque el mejor regalo que podemos ofrecer es tiempo para compartir.

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